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jueves 27 de enero de 2011

Reconociendo e Iluminando la sombra

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"... pues buscaba y me busco a mí mismo, a mi propia verdad."
"... y así como la conciencia se infiltra en las tinieblas,
así se desliza el inconsciente en nuestra vigilia."
K. G. Jung.


Karl. G. Jung -psiquiatra suizo (1875-1961)-, concibe al psiquismo como una totalidad en la que los opuestos: interno-externo; subjetivo-objetivo; masculino-femenino;
consciente-inconsciente, etc., se autorregulan y compensan.
Se trata de un proceso natural de equilibrio dentro del sistema psíquico;
de ahí la importancia que da Jung a mantener un diálogo realista y creativo entre la conciencia y el inconsciente.

La compensación que puede aportar el inconsciente -a través de los Símbolos, producidos espontáneamente en los sueños- a una conciencia que se ha vuelto, por ejemplo, muy unilateral, muy rígida, no significa que se oponga a ella sino que, por el contrario, lo que hace es enriquecerla al complementarla y ampliarla.

¿Cómo la amplía?
Con un nuevo punto de vista, como es contemplar el valle desde la montaña, puesto que el Inconsciente colectivo es anterior y más comprensivo que la conciencia, ancestral e inconmensurable con el sedimento de todas las experiencias de la Humanidad y, en consecuencia, esencialmente creativo.

Vayamos, por ejemplo, a un problema de Sombra.
¿Qué es la Sombra?
Todo lo que es incompatible con el Yo; involucra aspectos ocultos de nosotros mismos -tanto negativos como positivos-, que ignoramos o hemos reprimido.
Cuando no somos conscientes de esos contenidos, los proyectamos en otras personas (que en los sueños, generalmente, son del mismo sexo), viendo en ellas esos aspectos de nosotros que ignoramos, particularmente los que nos "irritan mucho".
Al ocurrir esto, el inconsciente produce un sueño ("una autorrepresentación simbólica del estado de nuestra psique") en el que aparece una persona con aquellas características que no admitimos en nosotros y que, sin embargo, en ella las vemos tan claras.
En un principio el soñante podrá decir: "Y esta persona, ¿qué tiene que ver conmigo?",
y luego probablemente se negará a aceptar que tiene "algo" que ver con ella
(sobre todo si se trata de reconocer aspectos muy desagradables), hasta que,
en la medida en que la conciencia se vaya comprometiendo con el inconsciente,
irá admitiendo que está ante rasgos de su personalidad que ha rechazado y que quizá sea necesario rectificar o integrar.

La Sombra se expresa de forma negativa y/o positiva, a veces se tratará de aspectos abominables, y/o, a veces, de talentos escondidos, de potenciales a desarrollar.
Es más fácil ver la Sombra en los sueños que en la vida cotidiana.
En las relaciones interpersonales de cada día nos resulta muy difícil entender que ese enojo tenga algo que ver con nosotros, y no con la persona a la que va dirigido y que, para nosotros, es quien lo pretexta u origina.
La irritación que provoca la Sombra en estos casos posee una cualidad irracional que, si estamos atentos y alertas, podremos diferenciarla del enfado natural que nos puede causar una injusticia real y objetiva.

Al comienzo los sueños de Sombra, especialmente cuando son muy negados por la conciencia, surgirán bajo la forma de pesadillas, con Símbolos muy perturbadores, como monstruos, fantasmas, vampiros, etc., hasta que paulatinamente irán evolucionando, humanizándose, pasando de seres maléficos y diabólicos, a figuras familiares y tranquilizadoras.
La Sombra, pues, se convierte en una amiga que
nos enriquece y a quien agradecemos su presencia.

Entonces, un mismo Símbolo, en este caso, de Sombra, va tomando imágenes y sentidos diferentes según evolucione la conciencia en su diálogo con el inconsciente.
Cuando esta comunicación es fecunda la conciencia, dejándose guiar por el Self (el Sí-Mismo, la totalidad consciente-inconsciente), servirá así al desarrollo del Proceso de Individuación, vale decir, el proceso de llegar a ser plenamente
nosotros mismos, de ir plasmando nuestra autorrealización.

El Código de la Emoción - Cómo liberar tus emociones atrapadas






En el Código de la emoción, el médico holístico y profesor el Dr. Bradley Nelson
pone al descubierto el funcionamiento interno de la mente subconsciente.
Revela cómo los eventos emocionalmente cargado de su pasado puede seguir siendo inquietante que en forma de "emociones atrapadas"; las energías emocionales que literalmente viven en su cuerpo.

El Dr. Nelson explica de manera clara y concisa de cómo las emociones
atrapadas puede crear dolor, la enfermedad de mal funcionamiento y eventual.
Además, las emociones atrapadas pueden ejercer
un efecto dramático en la manera de pensar.
Quizás el descubrimiento más importante que el Dr. Nelson ha hecho
es que a menudo atrapadas energías emocionales se reunirán alrededor del corazón,
la creación de un "Heart-Wall", que puede impedirle dar y recibir amor libremente.
El Código de la emoción es una forma poderosa y sencilla
de librarse de los equipajes no se ve.

Lo que se propone en este libro es proporcionarnos un método simple y poderoso para que podamos encontrar y liberar esas energías atrapadas.

Este libro es un método de autoayuda para alcanzar
beneficios tanto a nivel físico como emocional.
Ni el libro ni los test que hay en él deben usarse
para diagnosticar alguna dolencia mental, emocional o física.

La primera parte está dedicada a las emociones atrapadas,
la segunda parte al mundo energético, la tercera parte:
utilizando el código de la emoción, la cuarta parte: un futuro más brillante.


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martes 25 de enero de 2011

Osho, El secreto de los secretos. Charlas


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"Pero te has quedado enganchando, ¡estás atrapado! Ahora te resultará muy difícil escapar. Siempre es difícil elegir lo nuevo, pero sólo viven los que eligen lo nuevo. Elegir lo viejo es elegir la muerte, no la vida. Elegir lo familiar es permanecer en la prisión de lo familiar. Elegir lo conocido es realmente evitar lo desconocido que está llamando a tu puerta...

¿Qué es ese pasado tuyo al que te aferras? ¿Qué tiene para que te aferres a él, excepto que te es familiar? Es todo sufrimiento, es todo tragedia. Pero la gente se aferra incluso a los sufrimientos si le son familiares: parecen amistosos. Incluso si la salud está llamando a tu puerta, no escuchas esa llamada; te aferras a tu tuberculosis, a tu cáncer, porque te son familiares; has vivido con ellos durante tanto tiempo que te parece casi una traición abandonarlos y volverte sano...

Pero recuerda: sólo viven los que eligen lo nuevo. La vida significa estar dispuesto a escuchar siempre el reto que llega de la fuente desconocida. Es peligroso, pero vivir es peligroso. El lugar más seguro y libre de riesgos del mundo es la tumba; ahí nunca sucede nada...

La vida sólo crece eligiendo los retos. La vida sólo crece entrando en las tormentas. La vida sólo crece cuando te arriesgas, cuando te aventuras.

Sannyas requiere valentía. El viejo sannyas no era peligroso... Era sencillo. Te ibas a un monasterio, vivías allí..., sin ser perturbado, sin ser distraído por el mundo. La meditación se volvía toda tu vida, sin ninguna distracción. Era una vida monótona...

Mi sannyas es mucho más complejo. Tienes que vivir en el mercado y, no obstante, vivir como si estuvieras viviendo en un monasterio. Tienes que aceptar todas las distracciones de la vida y, sin embargo, permanecer sin distraerte. Tienes que estar en el mundo y no ser del mundo...

Es la vida la que te da agudeza, de otro modo tu espada nunca estará afilada. Es la lucha con la vida lo que provoca que todas las fuentes de tu talento salgan a la superficie. Tienes que ser inteligente para sobrevivir. En el monasterio estás protegido por el monasterio, por la secta, por la iglesia. No necesitas hacer ningún esfuerzo para sobrevivir. Te dan comida, te dan vestimentas, y sólo tienes que hacer algo de oración, canturrear un poco, y tienes que repetir, como un loro, las palabras de otros...

Mi sannyas es el fenómeno más complicado que ha sucedido nunca en la Tierra, porque no digo que tienes que dejar el mundo. Te digo que vivas en él; date el gusto, ámalo, disfrútalo, profundiza todo lo que puedas para que se agudice tu inteligencia, se provoque tu vida; para que tus energías latentes se vuelvan dinámicas, fluidas. Y sin embargo, mantente centrado en tu ser: un observador desde la colina. Sigue siendo un actor y deja que la vida sea sólo una representación en la que estás desempeñando un cierto papel. Pero no te identifiques con el papel. Recuerda continuamente que es un papel. Que eres un carpintero o un médico o un ingeniero o un profesor, marido, esposa, padre, hijo... Todo eso son papeles, y la Tierra es un gran escenario y hay una gran representación en marcha. Dios es su autor y su director, y vosotros sois sólo actores, participantes. Cuando cae el telón, vuestros papeles desaparecen. Volverás a ser un ser puro, no serás el papel que habías representado.

Hay que transformar el mundo en una oportunidad para recordarte a ti mismo, para el autorecuerdo. Por eso sannyas es arduo. Y sé que todo el mundo duda antes de dar el salto. Pero si ha surgido el deseo, si existe el anhelo, no lo mates, porque eso será suicida. Experimenta con ello, explora esta nueva dimensión. Has vivido de una manera; ¿qué sentido tiene seguir repitiéndola una y otra vez? Vive también este nuevo estilo...".

Para que cometer los mismos errores habiendo tantos nuevos por cometer.
Namaste.

lunes 24 de enero de 2011

Aspectos psicológicos de la espiritualidad "desde abajo"


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C. G. Jung nos recuerda constantemente que el camino para una verdadera «hominización» pasa por las regiones inferiores del mundo interior y llega al inconsciente. En una ocasión llega a citar a Ef 4, 9: «Si subió, supone necesariamente que había bajado antes a lo profundo de la tierra».

Cree que la psicología, contra la que tanto despotrican muchos cristianos, tiene exactamente los mismos objetivos que el texto aludido. Se pinta la psicología con colores tan intensamente negros porque, en consenso total con la afirmación del símbolo cristiano, enseña que nadie puede subir si no ha bajado antes (t. 18, Il, 733). Jung admite el hecho de que Cristo fue ejecutado entre dos malhechores por ser un renovador. Nosotros no podemos asimilar la novedad de su mensaje si no estamos dispuestos a ser contados alguna vez, como él, entre los malhechores, si no nos reconciliamos con los malhechores existentes en nuestro interior.

El camino a Dios va, según Jung, por el descenso a las oscuridades del sujeto, al inconsciente, al reino de las sombras en el Hades. Desde allí puede emerger nuevamente el yo ampliamente enriquecido, de la misma manera que Rosamaría en la fábula de La señora Holle. Rosamaría se cae a un pozo y al bucear en el fondo encuentra allí unos tesoros que recoge y sube a la superficie. Para Jung se trata de una ley de vida: no podemos encontrarnos con nuestro yo y con Dios si no tenemos la osadía de bajar a la región sombría de nuestras faltas y a las oscuridades del inconsciente.

Jung habla de la ampulosidad de los orgullosos hinchados de elevados ideales e identificados con modelos arquetípicos, por ejemplo con el modelo de un mártir, de un profeta o de un santo. La identificación con ese modelo arquetípico hace ciegos a la propia realidad. Humildad es para Jung el valor de mirar de frente a las propias sombras. El autoconocimiento exige amargas prácticas de humildad. Sin humildad se eliminan de la propia imagen los defectos y aspectos sombríos, pero sólo el reconocimiento de las debilidades propias puede proteger contra los mecanismos exclusorios de los que nos servimos para disimular nuestras sombras. Se necesita una gran dosis de humildad, según Jung, en relación con el inconsciente. El que pretende desentenderse del inconsciente queda ridículamente hinchado.

El orgulloso identificado con símbolos arquetípicos, tiene como único medio de curación que el modelo le caiga en las narices, o sufrir un descalabro moral o sucumbir al pecado. La humildad es para Jung condición previa para desarrollar sentimientos de confianza y aceptación en los otros. El orgullo, por el contrario, actúa como aislante, nos desconecta de la comunicación humana y del contacto con los hombres:

Parecen pecados contra la naturaleza tanto encubrir los defectos como vivir exclusivamente en un complejo de inferioridad. Parece existir algo así como una conciencia de humanidad, un saberse humano, que sanciona en sus sentimientos al que no renuncia alguna vez y en algún lugar al orgullo-virtud de la autoafirmación y del autoafianzamiento del propio yo y se niega a aceptar su condición humana defectuosa. Sin esta confesión de humildad queda el sujeto aislado, separado por un muro insuperable del sentimiento vivo de ser humano entre los humanos (Jung, t. 16, 63).

Sólo me es posible vivir en comunidad con los demás humanos cuando estoy dispuesto a asociarme a ellos aceptándome como soy, con mis debilidades y limitaciones. Mientras persista en el intento de encubrir mis puntos débiles, mis sombras, lo negativo, jamás podré establecer con los otros más que contactos superficiales. El corazón quedará intacto. Por eso piensa Jung que la humildad es una condición previa e indispensable para las relaciones comunitarias humanas. A uno que le solicita una entrevista inaplazable escribe:

Si usted se siente aislado se debe a que usted mismo se aísla. Tenga un poco de humildad y sencillez y verá cómo nunca tendrá que lamentar su soledad. No hay cosa que más nos aísle y distancie de los demás que presentarnos ante ellos con ostentación de poder y prestigio. Intente usted inclinarse un poco, aprender un poco de sencillez y nunca estará solo. (Jung, Cartas III, 93).

Medard Boss, también psicólogo suizo, es de esta misma opinión: el camino ascensional a Dios se inicia con el descenso a las profundidades de uno mismo:

Mi experiencia personal, apoyada por la de otros psicoterapeutas, me demuestra que nuestros pacientes con deseos de llegar a tener experiencias de Dios, necesitan primero experiencias sensoriales, corporalmente sensoriales. De hecho, compruebo en muchos de mis clientes enfermos y en alumnos que analizan conmigo sus métodos de aprendizaje, que si aceptan ensayar nuevos métodos en el ámbito de lo sensorial, de lo natural o de lo animal, y esto de manera concreta hasta llegar incluso hasta lo sucio y fangoso, tienen de súbito experiencias de algo totalmente nuevo y diferente. Es el antimundo del espíritu, el reverso de lo religioso, que se les abre espontáneamente sin ninguna intervención mía. Si se les propusiera lo espiritual, lo celestial, lo religioso antes de establecer estos contactos nuevos con lo creatural y material, la resultante sería una especie de religiosidad artificial, etérea, sin contactos con el suelo.

Roberto Assagioli, fundador de la psicosíntesis, habla del esquema ascenso-descenso como camino característico de la autorrealización humana. Cree poder descubrir ya este esquema magistralmente desarrollado en la Divina Comedia de Dante. El significado simbólico central de la Divina Comedia es un maravilloso cuadro de una psicosíntesis completa. La primera parte, peregrinación por el infierno, es una exploración psicoanalítica del inconsciente profundo. La segunda, subida a la montaña del purgatorio, es una descripción del proceso de purificación moral y del paulatino ascenso al plano consciente mediante; la aplicación de técnicas activas. La tercera parte, visita al paraíso o cielo, pinta de manera incomparable los diferentes estadios de la autorrealización superconsciente hasta llegar a la visión conclusiva del espíritu universal, Dios mismo, en el que se funden la voluntad y el amor.

El recorrido hasta Dios pasa por el descenso al infierno. Allí se encuentra frecuentemente el hombre con terroríficos aspectos de su inconsciente, con imágenes que pueden estar relacionadas con la figura de los padres. Assagioli invita a sus pacientes a seguir todos los pasos de la Divina Comedia con descenso al infierno y subida luego, por el purgatorio, hasta el paraíso. Según él, en este ejercicio puede realizarse la trasformación.

El psicoanalista Alberto Górres da a las palabras de Tertuliano caro cardo salutis, la carne es quicio de la salvación, la siguiente interpretación: la carne nos está empujando constantemente a la aceptación en humildad de nuestra condición humana. La espiritualidad de abajo toma muy en serio la terrenalidad del hombre. No somos ángeles sino hombres, seres humanos nacidos de la carne; el mismo Jesucristo se hizo carne. Es exactamente la carne, puerta de entrada y salida de nuestros afectos y pasiones, la que se convierte en quicio de salvación. Sin ese quicio no es posible el giro de la conversión. El impaciente, el iracundo, el insatisfecho o ambicioso recibe en esos afectos como un recibo, una escala de valores donde pueden leer, como los enfermos la fiebre en el termómetro, hasta dónde llega su insuficiencia, su ingratitud, sus falsas aspiraciones. Estos afectos son por una parte incurables pero por otra son medicinales porque en cada aparición ofrecen la oportunidad de una purificación y cambio de sentido en la marcha de la vida.

El cuerpo obliga a muchos a comprender que son unos pobres tipos y no los grandes personajes que se imaginan, protege contra la tentación de endiosamiento con pretensiones de ocupar el lugar de Dios. Nuestra total dependencia de los otros, que no tienen por qué estar a nuestra libre disposición, y nuestra radical carencia de autarquía nos protegen contra el regusto de creernos semejantes a Dios, contra el engañoso orgullo del endiosamiento que derribó en un instante a los ángeles pero en el que viven largos años algunos hombres: dictadores, fakires, profesores. Hambre y sed, aspiraciones y deseos insatisfechos nos dan en cada momento la prueba palmaria de no ser dioses. Por fortuna, la debilidad humana hace que también sus maldades sean débiles. La miseria corporal robustece nuestros deseos del cielo.

La espiritualidad desde arriba pretende a veces llegar a Dios prescindiendo del cuerpo. Considera humillante ver al espíritu sometido y dependiente del cuerpo en trivialidades como pueden ser la sumisión a la materia y a la necesidad de trasformarla. Su ideal sería poder ser como los ángeles para elevarse por encima de toda materia. Pero la verdad es que nuestro itinerario hacia Dios pasa por la realidad de la carne: caro cardo salutis.

El conde Dürckheim, deudor consciente de la psicología de Jung, habla del camino de la maduración humana como de un camino dé crecientes experiencias del sujeto sobre sí mismo. Ese camino pasa, según Dürckheim, por la audacia de arriesgarse a bajar a las regiones sombrías, solitarias y tristes en el fondo de uno mismo. El objetivo de este camino de la maduración consiste en hacer aparecer la imagen de Dios presente en primer plano y en lograr que el hombre se ponga en contacto con lo más auténtico de sí mismo. Es un camino de trasformación interior en el que la imagen interior del hombre va cobrando progresivo relieve. Dürckheim piensa que es en ciertas horas-límite, horas de vacío humano casi absoluto, cuando el hombre puede hacer las más ricas y positivas experiencias de sí mismo.

Hay horas en las que tocamos el borde de nuestros recursos, el límite de nuestras fuerzas, de nuestras posibilidades y de la sabiduría humana. Son momentos de fracaso. Pero luego reaccionamos, nos rehacemos y somos capaces de adaptarnos a la nueva situación. En el momento del abandono y muerte del viejo yo y de su viejo mundo, es cuando uno se percata de la aparición de una nueva realidad. Algunos han tenido esas experiencias al sentir cercana la muerte, en negras noches de ciegos bombardeos, en una enfermedad grave o ante una amenaza mortal de cualquier naturaleza que sea. Allí vieron cómo en el momento en que la angustia llegaba a -su máximo de intensidad y las defensas interiores se derrumbaban, cuando ellos estaban ya rendidos y resignados a aceptar la nueva situación, nació de repente la calma, desapareció todo temor sin saber cómo y en la conciencia se hizo clara como la luz la existencia de algo vivo inalcanzable por las fuerzas destructoras de la muerte. Alguien reflexionó en esos momentos de esta manera: si logro salir de aquí, ya sé de una vez para siempre de dónde viene mi vida y en qué debo emplearla. El hombre no sabe lo que es, pero puede experimentar súbitamente en sí una fuerza nueva.

Parecidas experiencias puede hacer el hombre ante tantas situaciones absurdas en que vivimos: ante situaciones desesperadas, ante la injusticia irremediable. Algunos han hecho la experiencia de que en el momento en que se rendían, se entregaban y aceptaban lo inaceptable, se veían de repente iluminados por la comprensión de la vida en su significación más profunda. El hombre se siente de golpe ante un nuevo orden incomprensible. La evidencia le invade..

Incluso cuando alguien busca su soledad y soporta la tristeza que le embarga, puede sentirse de repente sostenido, seguro y rodeado de amor sin que pueda decir a quién ama o de quién es amado. Se encuentra sencillamente rodeado de claridad, lleno de amor, testigo viviente de un Ser que supera y trasciende sus anteriores interpretaciones de la existencia. Para Dürckheim el camino hacia Dios pasa frecuentemente por la experiencia de la propia limitación y miseria, de las amenazas por parte de fuerzas extrañas, de la desesperación, de la injusticia, de la soledad y la tristeza. Al atreverse el hombre a sumergirse en las profundidades oscuras de sí mismo se trasforman sus sentimientos y en el espacio negro de la necesidad aparece la luz de Dios como fuerza que sostiene, libera y ama.

Por Anselm Grün y Meinrad Dufner

Visto en: El Mago

miércoles 19 de enero de 2011

Lecturas Para Compartir


Walter Riso
Pensar Bien Sentirse Bien





Al igual que la mayoría de las cosmovisiones religiosas
en las que primero fue el verbo y luego la materia,
Walter Riso demuestra que el pensamiento
antecede a todo cuanto le sucede al individuo.
La calidad de lo que la persona piensa es trascendente
en el plano del desarrollo de su vida.

De esta forma, los bienes y los infortunios tienen su origen
en lo más profundo del inconsciente del individuo,
en lo que parece ser otra interpretación larga y ancha que
W. Riso le da a las enseñanzas psicoanalíticas de Freud y Erich Fromm.


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Jorge Bucay
El Camino Del Encuentro


En este su segundo libro, J. Bucay se interesa en mostrarnos
el camino del descubrimiento del otro, del amor y del sexo.
El encuentro está relacionado con la construcción y la
revelación de un nosotros que trascienda la estructura del yo,
sin un nosotros no hay salud, nuestra vida está vacía aunque
estemos llenos de posesiones materiales.


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Mario Benedetti
Biografia Para Encontrarme



Mario Benedetti, que hizo de la lengua poética su
paraíso terrenal y, a su vez, un sólido puente que lo comunicaba con el mundo,
exhorta a sus lectores para que lo acompañen a construir un cielo,
abrir el corazón y llenar de sueños la existencia.

Si bien reaparecen en Biografía para encontrarme
algu­nos motivos poéticos que atraviesan de manera
sostenida la mayor parte de sus libros,
hay en estas páginas una especial insistencia en presentar sólo unos pocos,
con mayor sencillez y economía: la condición efímera de la vida,
ese breve paréntesis entre el nacimiento y la muerte; los enigmas
incertidumbres y misterios que persisten a lo largo del tiempo;
el amor como un cálido y privilegiado refugio; la curiosidad ante el después,
donde se esconde y se revela el secreto; la soledad necesaria para bucear en el interior;
la búsqueda del propio rostro.

Y una promesa por cumplir:
"Cuando pasemos por el Más Allá/ traeremos de recuerdo/ cuatro o cinco utopías".
Durante los dos últimos años de su vida,
Mario Benedetti corrigió y ordenó los sesenta y dos poemas
que componen Biografía para encontrarme,
su último libro -seguramente el más conmovedor y personal de todos-,
que tiene el tono inconfundible de una despedida.
Pero como su título mismo lo indica, es también una invitación
a reencontrarse con la excelencia de su poesía,
una de las más representativas de la lírica latinoa­mericana contemporánea.


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Elsa Punset
Brujula Para Navegantes Emocionales



En el fondo instintivo de nuestro ser no pensamos, sentimos.
Estamos hechos de emociones.
A lo largo de los siglos nos habíamos esforzado en domarlas,
en encerrarlas en sistemas de vida ordenados y represivos.
Ante su dictado sólo cabía resignarse o rebelarse.
Actualmente vivimos en un mundo que nos abruma con
tentaciones y decisiones múltiples y tenemos que decidir en soledad,
sin referentes claros, quiénes somos y por qué nos merece la pena vivir y luchar.
Esta nueva libertad reclama la adquisición de una brújula, es decir,
de las habilidades y las herramientas que permitan
navegar con inteligencia emocional por los cauces imprevisibles de nuestras vidas.

Este libro recorre las distintas etapas de maduración
emocional y social del ser humano no sólo como individuo,
sino también en relación a las personas que conforman
nuestro entorno: padres, hijos, pareja, compañeros, amigos…
En el umbral del siglo XXI las emociones, gracias a las puertas
abiertas por la neurociencia, pueden catalogarse,
comprenderse e incluso gestionarse: son la llave de nuestro centro neurálgico,
llámese cerebro, alma, conciencia o libre albedrío.
Conocerse a uno mismo permite descubrir las fuentes de
nuestra felicidad, nuestra ira y nuestro dolor para poder
convivir armoniosa y plenamente con nosotros mismos y con los demás.


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Augusto Cury
Padres Brillantes, Maestros Fascinantes





Una obra maestra que inspirará a padres, a maestros
y a jóvenes para afrontar uno de los grandes retos del presente: la educación.
Padres brillantes, maestros fascinantes es la obra
maestra de Augusto Cury, un libro que ha alcanzado el
estatus de obra de referencia entre los educadores
de Brasil y Portugal, además de ser su obra más vendida.
La educación de nuestros sueños: cómo formar jóvenes felices e inteligentes.
Este libro va a cambiar tu visión sobre cómo educar en la excelencia.

EL AUTOR
Augusto Cury, brasileño, es médico psiquiatra en ejercicio desde 1980.
Ha dedicado 17 años a la investigación sobre cómo se construyen el conocimiento y la inteligencia.
En los últimos años ha desarrollado su faceta como autor
con el objetivo de llegar a todas las personas que deseen mejorar su calidad de vida.

De los libros que ha publicado en los últimos ocho años,
cuatro son líderes indiscutibles de ventas en Brasil y en Portugal.
Las ediciones en portugués de Nunca renuncies a tus sueños y Padres brillantes,
maestros fascinantes han estado en las listas de más vendidos
durante más de un año y han vendido más de
dos millones de ejemplares en Brasil.
Sus ideas pioneras en psicología educativa se han
adaptado como cursos de posgrado en cerca de quince universidades en Brasil.
Dirige la Academia de Inteligência (http://www.escolainteligencia.com.br)
en el interior rural del estado de São Paulo, un centro académico sobre
«psicología preventiva» para maestros y profesionales de la salud mental, entre otros.


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Como Defenderse de Los Ataques Verbales

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Estamos constantemente expuestos a ataques verbales, a críticas destructivas, a las burlas, las bromas pesadas. Por supuesto, podemos contraatacar, pero el agresor no suele batirse en retirada, sino que acostumbra responder con mayor violencia todavía.

Es natural que nos defendamos ante lasagresiones. Ojo por ojo, diente por diente.
Obtenemos resultados cotidianamente, en la calle, en debates de televisión, en reuniones familiares…
Somos testigos de un intercambio continuo de agresiones desagradables, ruidosas y superficiales.
Al final, todos salen perdiendo. Padecen estrés, alteraciones nerviosas,
sufren dolorosas heridas psíquicas y guardan oscuros deseos de venganza
(“¡Eso es intolerable, pobre de él si vuelve a hacerlo, le voy a dar su merecido!”.
Las agresiones verbales resultan aún más penosas para aquellos que no tienen reacción rápida, que se quedan mudos y sorprendidos ante los comentarios insolentes.

No encuentran la respuesta adecuada hasta que ya ha pasado todo y, entonces, se llenan de ira y se sienten frustrados por haberse quedado con la palabra en la boca.

El sueño de todo aquel que suele permanecer estupefacto es aprender
a contestaba sorprender al agresor con una respuesta ingeniosa.
Como experta en técnicas de comunicación he aprendido que las bromas pesadas, las indirectas malintencionadas a menudo dejan profundas heridas que tardan años en cicatrizar.
En mis seminarios y prácticas sale a la luz el sufrimiento de las personas afectadas que, además, suelen plantear las mismas preguntas: ¿qué puedo hacer ante un ataque personal?, ¿cómo puedo defenderme ante una crítica injustificada de mi jefe?, ¿qué le contesto aun cliente que me ofende por teléfono?, ¿cómo me puedo defender de las continuas provocaciones de mi compañera de trabajo?, ¿les pago con la misma moneda?, ¿me callo?, ¿existen otras alternativas?
Sí, existen alternativas.
La respuesta puede estar en sus manos. A través del tiempo he desarrollado una técnica de autodefensa oral, una especie de judo verbal, de aikido retórico para todos
los que deseen responder de manera inteligente.


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Realmente es falta de amor?


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Cuando dos personas se conocen y se enamoran en lo primero que suelen pensar es en pasar el resto de sus días juntos. La idea, generalmente inconsciente, que los lleva a pensar de ese modo es el deseo de eternizar aquel maravilloso momento. Y debido a que éste se vive como un sentimiento muy fuerte y arraigado que no podrá nunca ser borrado por nada ni por nadie según la perspectiva de los propios partícipes, es que no se repara en la posibilidad cierta y normal de que através de los años uno pueda cambiar su carácter y personalidad, y con ellos sus sentimientos. Y de no ser así, que esto pueda sucederle a la otra persona (su pareja), lo que aumenta considerablemente el riesgo de que con el tiempo ese maravilloso sentimiento que es el amor desaparezca o se vea literalmente cambiado. Si a todo ello agregamos las circunstancias externas que no siempre son contemplativas de los deseos de cada individuo y que van moldeándolo a éste como se hace con una escultura de barro, fácil nos será concluir que la permanencia de la institución conyugal es más frágil y temporaria que un barquito de papel navegando en medio de una tempestad.

Debido quizás a las duras experiencias de las últimas décadas, muchas parejas hoy contemplan la triste posibilidad de la ruptura aun en medio de la euforia de aquel momento celestial. Pero lo que en realidad ocurre luego, en la mayor parte de los casos de separación definitiva, parece ser otra cosa muy distinta de la que los cónyuges creen.

Veamos cuál es la teoría. Cuando por cualquiera de las causas vistas (internas: cambio de carácter, personalidad, etc.; o circunstancias externas que dificultan la convivencia, como las económicas, enfermedades, muerte de algún familiar, etc.) los cónyuges empiezan a “llevarse mal”, comienzan o empeoran las fricciones. De manera inadvertida, uno o ambos sufre la presencia y compañía del otro. Aparecen discusiones, indiferencia, silencios odiosos. El tiempo compartido se hace cada vez más tedioso, las broncas, los malentendidos y las desavenencias diarias van cultivando lentamente la enemistad entre dos seres que lo único que sabían era amarse. Pero la culpa es del otro. Es la tendencia que cada uno de ellos cobijará en su interior convirtiéndose así en la víctima. Dos víctimas y ningún victimario. La realidad más objetiva nos dirá que la culpa es siempre compartida como antes lo fue el amor. Ninguno de los dos suele tener en cuenta que antes que pareja son individuos y como tales, susceptibles a cambios. Estos no sólo se operan a nivel fisico, biológico y fisiológico. Con el tiempo pueden darse y de hecho se dan transformaciones en el carácter y la personalidad. A veces éstas se manifiestan de manera más o menos pronunciada y otras, su aparición es casi nula. Pero en todos estos casos ambos integrantes de la pareja debieran ser más tolerantes con el otro y con ellos mismos entendiendo que enfrentan una etapa de readaptación a nuevos hábitos y costumbres.

Estadísticamente, en la mayor parte de estos casos no es el amor el que ha desaparecido sino la tolerancia mutua y la capacidad para comprender la nueva situación por la que atraviesa la pareja. Como hemos visto, luego de transcurridos algunos años y asentada la misma en la rutina de un amor que se repite sin renovarse, ven sobrevenir aquellos cambios internos y/o externos a los que nos hemos referido. No logrando comprender la nueva situación, ambos o uno de ellos se apuran a declarar la desaparición del amor que una vez los juntó.

El secreto, si en realidad la pareja desea descubrir la verdad de lo que les sucede, estriba en que cada uno pueda buscar los errores de la relación, en sí mismos. Pero no sintiendo culpa sino como la manera de encontrar un timón para poder manejar. Cada uno podrá hacer lo propio y no culpar al otro intentando corregir sus errores. Ese es el error mutuo que no se debe cometer pues los llevará indefectiblemente a una ruptura disfrazada de falta de amor. No es necesario ni aconsejable apresurarse a abandonar el barco, sino esperar a que pase la tempestad.

No todos los casos se ajustan a las características descriptas. Es verdad que a veces no se trata de un simple problema climatológico-sentimental en medio del océano de circunstancias, sino de un barco que ha perdido su potencial para continuar navegando. El sentimiento de amor básico, por algún motivo, es posible que haya desaparecido en la pareja. Es por ello que existen los consultores profesionales en la materia que sabrán proporcionarles las herramientas adecuadas para que ellos mismos sepan descubrir si el daño ha sido hecho a la embarcación o se trata de una simple tempestad. Y creo que en nombre de ese amor celestial que parecía conducirlos hacia la eternidad, vale la pena intentarlo todo para enterarse de la verdad. Y obrar en consecuencia.


Autor Rudy Spillman
Visto en: Meditaciones En el mar rojo


viernes 7 de enero de 2011

Busca la verdad aqui y ahora


¿Dónde encontramos la libertad? 

Buda enseñó que tanto el sufrimiento como la iluminación han de descubrirse en nuestro propio cuerpo, con sus sentidos y mente.

Si no es aquí y ahora, ¿dónde vamos a encontrarlo?

 
Amigo, busca la verdad mientras estés vivo.
¡Sumérgete en la experiencia mientras vivas! ...
Lo que llamas "salvación" pertenece al tiempo previo a la muerte.
Si no rompes tus ataduras mientras estás vivo,
¿crees que lo conseguirá después un fantasma?


La idea de que el alma se unirá al éxtasis
solo porque el cuerpo está podrido
es sencillamente una fantasia.


Lo que ahora encontremos, es lo que hallaremos entonces.
Si ahora no encuentras nada, acabarás simplemente
en un habitáculo vacío en la Ciudad de la Muerte.
Si ahora haces el amor con lo divino, en la próxima vida
tendrás el rostro del deseo satisfecho.
 

Kabir

jueves 6 de enero de 2011

Ilumina Sin Tregua - Julio A. Pagano



Acudí a tu encuentro por lealtad a nuestro vivo compromiso de ayudarnos a no olvidar.

Las palabras son cofres que se abren dependiendo del receptor.

Conociendo este secreto, guardé en este mensaje lo más puro de mi alma para que nunca te sientas solo. Sigamos avanzando con más audacia y fortaleza que nunca.

La victoria es segura. Iluminá sin tregua. 

Difundelo!

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miércoles 5 de enero de 2011

A través de la sombra


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El punto de partida es precisamente este momento, este ahora para cada uno de nosotros. Un aquí y no un allí, un ahora y no un antes o después, es decir, nuestra realidad sin maquillaje ni fantasía. Aunque, a decir verdad, para la mayoría de nosotros el punto de partida es precisamente la dificultad de saber en qué punto nos encontramos.


Por así decir, hemos perdido el mapa y primero hemos de encontrarlo antes de empezar a caminar. Sin brújula iremos desorientados, sin mapa no sabremos desde dónde marcar el itinerario, sin un equipo adecuado no llegaremos lejos. No está mal reconocer que ese punto de partida es exactamente una cierta confusión o desorientación, una mayor o menor irrealidad en nuestro proyecto vital o un nivel de sufrimiento más o menos camuflado. Reconocer esto es realmente un paso de gigante en nuestro crecimiento personal.

Todos hemos pasado, y seguimos pasando, por la etapa de “la inconsciencia de la inconsciencia” donde atados a la rueda de la vida somos arrastrados por las circunstancias, persiguiendo la suerte o evitando la desdicha, fascinados por la zanahoria como ideal inalcanzable que tenemos delante o temerosos del castigo del palo ejemplificado como nuestras evitaciones, en definitiva, empujados por el deseo o golpeados por el destino. Etapa inconsciente donde no hay una clara conexión entre motivaciones y circunstancias, acciones y reacciones, deseos y resistencias, donde un mundo interno va a la deriva y otro externo es despojado de toda medida.

Sea como sea, uno se da cuenta que el sufrimiento no es un castigo de dioses o un revés ciego del porvenir sino que tiene unas raíces. Darse cuenta es entrar en la etapa de “la consciencia de la inconsciencia”, algo así como mirar debajo de la alfombra o sacar a la luz lo que habíamos guardado en el armario. Mirar de pleno nuestras compulsiones no es precisamente una alegría. Ver nuestras dependencias o reconocer nuestros autoengaños nos produce temor. Llevar la mano de la conciencia a la espalda y encontrarnos con una cola de diablo (imagen que nos da el esoterismo) no es nada consolador.

La sombra que nos habita (hablando en términos junguianos) es inmensa pero lo terrible no es su oscuridad sino nuestra fantasía acerca de ella. La sombra es amenazadora porque diluye las fronteras de ese personaje social que hemos construido y con el que nos identificamos. Pero en realidad la sombra es el verdadero aliado que nos susurra que somos mucho más de lo que imaginábamos, que las fronteras entre uno y el otro y con el mundo son puro miedo a disolvernos. La sombra nos recuerda que el misterio no puede ser amordazado, reprimido o negado, pues tarde o temprano "eso" que hemos olvidado o marginado de nosotros mismos tomará su propia venganza.

El mito nos recuerda que el monstruo encerrado en el laberinto reclama el sacrificio de jóvenes inocentes periódicamente. Esa sangría inhumana sólo se puede parar entrando en el laberinto y matando al monstruo contrahecho de cabeza de toro y cuerpo humano. Un engendro que insinúa que “algo” perverso ha cambiado el orden natural. Después el mito nos recordará sabiamente que sólo el amor podrá restablecer el orden perdido.

Atravesar el laberinto es hacerse cargo de la propia sombra, de los meandros por donde circula nuestra mentira, de la cárcel que impone nuestro poder. Y sólo la búsqueda de la verdad nos acercará al centro, a un encuentro cara a cara con la otredad que nos vive, disfrazada de ferocidad pero que en el fondo es la máscara contrariada de nuestra inocencia.

Cuando uno reconoce que sí, soy egoísta, sí, soy manipulador, sí, camuflo mis intenciones, sí, quiero poder a toda costa, sí, hago un cálculo en el amor, sí, me creo superior y mejor que los demás, sí, sí, sí, entonces, paradójicamente, se abre la puerta del cielo. No sólo porque el camino al infierno esté empedrado de buenas intenciones, es que la virtud sino es un gesto espontáneo es en realidad una tapadera de nuestra sombra.

El primer paso hacia la virtud no es un movimiento de elevación sino de descenso. El árbol debe profundizar en sus raíces si quiere airear sus ramas en el cielo. Tenemos que desenmascarar al ego, bucear en la sombra hasta desactivar el mecanismo involuntario de defensa ante un dolor muy viejo, un sufrimiento no aceptado ante la carencia, la incompletitud, la falta de amor, la certeza de la muerte.

Desactivar el mecanismo automático que llamamos neurosis es, por fin, aceptar lo real, la vida y la muerte, el placer y el dolor, el encuentro y la despedida. Aceptar que nuestro control es muy limitado, que en nuestra decisiones decidimos más bien poco, que al amor no sólo nos enfrentamos con grandeza sino con especulación. Comprender que no estamos seguros de casi nada, que hemos aceptado como bobos muchas verdades que en el fondo no son más que rumores, consignas de una sociedad uniformadora y coercitiva.

Justo cuando uno ha tocado fondo, cuando la máscara se ha resquebrajado, el batiscafo de nuestra consciencia toma impulso de elevación. Porque en la sombra también habita en nuestra locura creativa, nuestra originalidad, nuestro coraje, nuestra rebeldía ante una nueva imposición, nuestra capacidad de entusiasmo y apasionamiento. En la sombra descubrimos que no somos normales porque el alma y su proceso son únicos e irrepetibles, que a pesar de algunos condicionamientos transmitidos por nuestros padres y educadores hay una chispa de lucidez que sabe reconocer lo esencial, una intuición que acierta con el camino a seguir.

Qué paradoja, en la sombra descubrimos que también está la luz. Vivimos en la penumbra del ser porque el miedo a la muerte es simultáneamente un miedo a la vida. El miedo a la sombra es un temor a la luz, o dicho en otras palabras, la sombra es la resistencia a la luz cuyo brillo destapa nuestros asideros de la dependencia, una luz que tememos que nos desvele, vulnerables, inocentes. inseguros, con conciencia de la culpabilidad y, como no, mortales. Aunque en el fondo esa luz, luz de la consciencia, nos recuerde que en nuestra esencia somos inmortales.

Ahora bien, ¿quién quiere cargar desde la tímida conciencia oral con el peso infinito de la inmortalidad? Por eso decimos que la sombra es la resitencia a la luz, y en últimas, no existe como tal. No es más que luz condensada, energía bloqueada, atención dispersa. Basta la llama de una vela para disolver toda la oscuridad de una habitación, basta un darse cuenta para que el proceso de deshielo se inicie, para que el síntoma no tenga donde agarrarse para mostrar su enfermedad.

Decíamos de pequeños, ¿quién se atreve a pasar por el pasillo oscuro?. Y ¿quién, de nosotros, quiere atravesar el túnel de nuestros miedos?. De entrada, nadie, a menos que uno conecte con "algo" mayor que le empuje a dar el primer paso.
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