Proyección Marie Louise Von Franz

 “No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis,seréis juzgados,
 y con la medida con que medís, os serás medido.
 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano,
 y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 
¿O cómo dirás a tu hermano:
 Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para
sacar la paja del ojo de tu hermano.”
Mateo 7 1-5



La raíz que permite entender la proyección es "despojarse hacia afuera". Nos despojamos de algún rasgo de carácter y lo vemos como perteneciente a alguien otro. Es bien conocido que todo aquello que inconscientemente reprimimos, nos parece como si no existiera: todo ese material inconsciente aparece entonces como perteneciente a alguna persona u objeto fuera de nosotros.

C.G.Jung definió la proyección como "una transferencia inconsciente, es decir no percibida e involuntaria, de elementos psíquicos subjetivos sobre un objeto exterior. El proyectante percibe en el otro algo que no se encuentra en ese otro o solamente muy poco".

Cuando se nos reprocha o censura cualquier cosa, o hacemos algo que sentimos equivocado, nuestra primera reacción, en la mayoría de los casos, es culpar al otro. ¿Cuantas veces nos lavamos las manos y echamos toda la responsabilidad sobre los demás? Cada quien esta convencido que actúa por el bien de su grupo, su pueblo, su país ... el infierno esta empedrado de buenas intenciones .... Algunos tienen dudas, pero en general ignoran su estructura psíquica propia y la de sus oponentes, especialmente sus propias motivaciones a menudo inconscientes. No se toma en cuenta "el otro lado", el oscuro, como fuente de actividad en sí mismos y en otros, que juega un rol tan decisivo en la existencia humana. Tenemos la tendencia de juzgar a los otros a través de nosotros mismos y en consecuencia si no nos conocemos somos susceptibles de llegar a conclusiones falsas sobre los demás: cada quien se crea así una serie de relaciones más o menos imaginarias provenientes esencialmente de tales proyecciones. En esas relaciones imaginarias, el interlocutor exterior se vuelve una imagen o un soporte simbólico.

A pesar de que todos los contenidos de nuestro inconsciente son proyectados de esta manera sobre quienes nos rodean, no los reconoceremos como proyecciones sino cuando reconozcamos al mismo tiempo que son nuestros propios rasgos de carácter: de lo contrario quedaremos ingenuamente convencidos que esos rasgos de carácter son los de quienes nos rodean (el objeto en sí mismo).

El agua es el símbolo más frecuente del inconsciente. Quien mira en el espejo del agua percibe en primer lugar su propia imagen. Quien va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse a sí mismo. El espejo no alaba, muestra fielmente lo que mira a saber: el rostro que no mostramos jamás al mundo, porque lo disimulamos con ayuda de la persona, de la máscara del comediante. El espejo se encuentra detrás de la máscara y desvela el verdadero rostro. Es la primera prueba de valor en el camino interior de conocerse a sí mismo, prueba ésta que es suficiente para asustar a la mayoría, porque el encuentro con sí mismo se constituye en aquellas cosas desagradables a las que uno se sustrae mientras se tiene la posibilidad de proyectar sobre el entorno todo lo que es negativo. Si uno llega a ver la sombra propia y soportar saber que existe, una pequeña parte de la tarea está cumplida: por lo menos se ha suprimido el inconsciente personal.

Pero la sombra es una parte viva de la personalidad, y quiere participar a esa vida de cualquier forma. No la podemos apartar o convertirla en algo inocuo a través de razonamientos sutiles. Se trata de un problema difícil porque no solamente pone en primer plano al hombre entero, sino que le recuerda al mismo tiempo su desamparo y su impotencia.Las naturalezas fuertes - ¿o bien hay que llamarlas débiles? - no aman esas alusiones personales; prefieren inventarse heroicamente algún más allá del bien y del mal cortando el nudo gordiano en vez de desatarlo.

El encuentro consigo mismo significa en primer lugar el encuentro con la propia sombra. La sombra es una garganta, una puerta estrecha cuyo penoso estrangulamiento no pueden evitar ninguno de los que descienden en el pozo profundo. Es entrar en contacto con una pauta que tiene a su disposición todas las energías que el hombre ha despreciado, rechazado o ignorado conscientemente de sí mismo. Es con esto que uno se encuentra cuando el ser humano se ubica entre sí mismo y su propia luz: las oscuras y rechazadas fuerzas que pugnan en la sombra del inconsciente, por así decir, cuchillo en mano, exigiendo venganza por todo lo que el hombre y sus culturas han sacrificado conscientemente, fuerzas reales y lo suficientemente activas para no dejar lugar a elucubraciones racionales y escolasticismos.

Todo el mundo quiere la Paz y todo el mundo se prepara para la guerra según el axioma: si vis pacem para bellum. La humanidad no puede nada con respecto a la humanidad y los dioses más que nunca, le muestran los caminos del destino. Hoy somos los dioses "factores" palabra que viene de facere o hacer. Los hacedores se encuentran tras los bastidores del teatro del mundo. Igual es en lo grande como en lo pequeño. En la consciencia somos nuestros propios dueños, somos así parece, nosotros mismos "los factores". Pero si franqueamos la puerta de la sombra, nos apercibimos a nosotros mismos con temor, constatando que somos los objetos de los factores. Saber esto es francamente desagradable, porque nada decepciona más que el descubrimiento de nuestra incapacidad, debido a que la supremacía de la consciencia ansiosamente afirmada y preservada, se encuentra puesta en duda, y es mejor estar informados de lo que nos amenaza. Plantear correctamente la pregunta es resolver la mitad del problema. En todo caso, sabemos entonces que el más gran peligro que nos aguarda, proviene del carácter imprevisible de la reacción psíquica. Por esta razón, los espíritus clarividentes han comprendido desde hace ya tiempo, que las condiciones históricas exteriores, de cualquier naturaleza que sean, no son mas que ocasiones de peligro que amenazan realmente la existencia, a saber, las irracionales quimeras políticas y sociales, que deben ser vistas no como consecuencias necesarias de condiciones exteriores, sino de decisiones del inconsciente.

Estas fuerzas demuestran como toda nuestra historia es un proceso que se desarrolla a dos niveles: uno consciente y otro inconsciente: uno manifiesto y otro latente. El nivel manifiesto proporciona todas las justificaciones racionales plausibles y las necesarias excusas para las guerras, las revoluciones y los desastres infligidos a los hombres en sus vidas colectiva y privada. Pero es en realidad en este otro nivel, el nivel latente, donde se ha de encontrar, disfrazados, a los verdaderos instigadores y conspiradores contra una dominación consciente demasiado rígida y estrecha. Allí orgullosos, iracundos y rebeldes, se mueven los hombres y las mujeres en el nivel visible: como títeres en determinadas pautas de su vengativa actividad, como si un imán condicionare desde abajo un campo de limaduras de hierro sobre una mesa.

Es por esto que todos los hombres tienden a convertirse en aquello a lo cual se oponen: es la oscilación de los opuestos de que habló Heráclito ...

Este mecanismo de la sombra se encuentra en el fondo de las discriminaciones y persecuciones étnicas, políticas, religiosas, etc... que se han producido en la historia. Esta es la raíz de toda construcción hostil de imágenes, de consignas, las pintadas en las fachadas, las polémicas exacerbadas de la prensa y la televisión, los fanatismos ideológicos, religiosos y políticos, saturada de proyecciones y que pueden desembocar en conflictos y situaciones de guerra. Se habla mucho hoy de explicar las estructuras de esas imágenes cargadas de hostilidad pero los mecanismos que las accionan no son comprendidos. Jung demostró de una manera irrefutable como este mecanismo de la sombra se encontraba en el fondo del fenómeno de la persecución de los judíos en la historia; como durante siglos los cristianos culparon de su propio rechazo del verdadero significado de Cristo a los judíos que lo habían crucificado, ignorando como ellos volvían a crucificarlo diariamente en sus propias vidas; también fue la explicación de Hitler y su persecución de los judíos. Por lo tanto este rol de la sombra en la vida del individuo , en la vida de la civilización y en la realidad de la religión, constituyó una de las más profundas preocupaciones de Jung. Lo recuerdo expresando claramente que el individuo que separa su sombra de su prójimo y la encuentra en sí mismo y se reconcilia con ella como con un hermano alejado, está cumpliendo una tarea de gran importancia universal. El añadía que el futuro de la humanidad depende de la rapidez y el alcance con que los hombres individuales aprendan a separar sus sombras de los otros y a restituirlas honrosamente dentro de sí mismos.

Sería mejor que cada quien, a su nivel, tome consciencia de sus propias proyecciones, aceptando su lado oscuro, aceptando lo que es, lo cual produce una ampliación de la personalidad. Este retiro de las proyecciones, produce un abatimiento psíquico (hay quienes dicen depresión) porque no se trata de algo placentero y el hombre natural que está en nosotros hace todo lo posible para esquivarlo; pero esta es la única vía por la que podemos salir de la crísis en la que nos encontramos.

Por este camino, el hombre se convierte en una gran tarea para sí mismo ya que al ir conociendo lo que es, cada vez menos podrá decir que "ellos" hacen esto o aquello, que "los otros" están en el error y que hay que combatir"los". Se va llegando al reconocimiento de que todo lo que anda torcido en el mundo actúa y lo está también en uno mismo. Solo en uno mismo se puede cambiar alguna cosa, en los otros casi nunca, esto es bien conocido.

En síntesis, no vemos al mundo tal cual es sino tal cual somos. Somos portadores de todo aquello que especialmente nos indigna y molesta de los demás."



Marie Louise Von Franz

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