Jiddu Krishnamurti. "Diario II"

Uno es el mundo, no está separado del mundo, no es americano, ruso,
hindú o musulmán.Uno no es ninguna de estas etiquetas y palabras,
uno es el resto de la humanidad, porque su consciencia,
sus reacciones son similares a las de los demás.

Puede que hable un idioma diferente, tenga diferentes costumbres,
eso es la cultura superficial, todas las culturas aparentemente son superficiales,
pero su consciencia, sus reacciones, su fe, sus creencias, sus ideologías,
sus miedos, ansiedades, su soledad, sufrimiento y placer
son similares al resto de la humanidad.
Si usted cambia, eso afectará a toda la humanidad.
Jiddu Krishnamurti. "Diario II"




El descontento de Krishnamurti con el orden mundial vigente procedía de
 su entendimiento de la condición humana, que no permite al individuo
 ser realmente feliz, atrapado como está en un universo psicológico de penas,
 celos, dolor, ira, envidia y relaciones problemáticas.

 Este torbellino interno, según Krishnamurti, no podía conducir a unas
relaciones armoniosas, es decir, a una sociedad buena.
Sólo podía ser fuente de conflictos y contradicciones, generadoras
de división y caos, que daban lugar su vez a la explotación, la opresión y la guerra.

Este era el planteamiento de la búsqueda de Krishnamurti de un tipo de
sociedad nueva y diferente que haría surgir la armonía y el bienestar
entre personas y grupos.

La “sociedad buena”, tal y como Krishnamurti la veía,
suponía ciertamente una forma de “ser” y “actuar” en este mundo
y no un sueño lejano o un ideal utópico al que tratara de llegar
pormedio de un proceso gradual de cambio.

A menudo se le ha considerado, en su búsqueda de la “sociedad buena”,
un idealista utópico en medio del torbellino social y el caos
psicológico de nuestros tiempos.

Sin embargo, insistía mucho en afirmar que
“en teoría podemos diseñar el modelo de una espléndida utopía,
un mundo nuevo y feliz, pero [...] nuestros problemas existen
en el momento presente y sólo se pueden resolver en el presente”

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