Contemplacion Activa

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Un poco mas para que nos quede clara la idea.




Sinopsis / Descripción

La contemplación activa es una de las formas más sencillas y asequibles para empezar a ver la realidad sin los prejuicios y limitaciones que nos impone nuestra mente agitada. De lo que se trata es de ser cada vez más capaces de controlar el río de pensamientos que fluyen descontrolados por nuestra cabeza. Para ello, lo mejor es empezar por esta práctica, que consiste en sentarse en algún lugar concurrido y observar todo lo que acontece ante nosotros. Más que nada, porque si comenzamos por situarnos delante de una pared en blanco nos será dificilísimo no ser víctimas de nuestros pensamientos. Para que esto no ocurra, es muy recomendable ir a un parque, por ejemplo, y sentarse en un banco.

El objetivo de este ejercicio es relajar la mente por medio de la contemplación. Al principio es normal sentir todo tipo de ansiedades interiores, que percibimos como sensaciones desagradables. Lo importante es no dejarse llevar por ellas y permanecer en silencio todo el tiempo. Eso sí, en orden a calmarnos, es útil preguntarse: ¿qué le falta a este momento? La respuesta es “nada”, porque la finalidad de la contemplación activa es serenar la mente para ser más conscientes de nuestra paz interior.

Si la incomodidad que sentimos en el vientre persiste, es bueno recordarse que se trata de un engaño de nuestra mente, nada más. Transcurridos los primeros quince minutos, todo es mucho más fácil. Poco a poco observamos con mayor nitidez cómo las personas que nos rodean disfrutan de su ocio, fijándonos también en la naturaleza que nos envuelve.

Así, por mucho que las primeras veces nos cueste, intentamos no etiquetar ni nombrar nada de lo que vemos. Tan sólo miramos lo que nos rodea y aprovechamos para respirar por la nariz profundamente. A no ser que estemos muy descentrados, empezaremos a sentirnos más tranquilos e incluso percibiremos en nuestro interior los beneficios de este merecido descanso mental. Lo curioso es que aún estando solos, si conseguimos relajar nuestra mente nos sentiremos cada vez más unidos con la realidad que estamos observando.

Si lo pensamos detenidamente, observador y observado somos lo mismo: los dos formamos parte de la realidad. Los dos somos la realidad. Es como un pez que observa a los otros peces que habitan en su pecera. Y si no comprobémoslo estando más atentos a las reacciones de las personas a las que estamos mirando. ¿Acaso no nos echan un vistazo al pasar por nuestro lado? Nuestra presencia condiciona su forma de ser y de actuar, aunque sólo sea mínimamente.

El caer en la cuenta de esta correlación puede ayudarnos a comprender que nuestra personalidad, ego o falso yo es la que nos hace sentir como si fuéramos un ser separado de todo lo demás. Pero no es así. Al tomar más conciencia de nosotros mismos, nuestras decisiones y forma de actuar dejan de ir encaminadas a obtener nuestro propio provecho y comienzan a tener más en cuenta las consecuencias que reportan hacia los demás. Más que nada porque ellos también forman parte de nosotros. Por eso hacer el bien a otra persona desinteresadamente es tan gratificante.

La contemplación activa es, en definitiva, una práctica muy útil para empezar a dar nuestros primeros pasos para liberarnos de la tiranía de nuestra mente, que tanto nos separa y limita cuando está agitada, descontrolada e inquieta. Pero basta centrar nuestra atención en la realidad de la que formamos parte, sin hacer juicios ni valoraciones, para que lenta y paulatinamente vayamos recuperando su control y, por ende, el contacto con nuestra esencia. Eso sí, no te creas nada sin haberlo corroborado mediante tu propia experiencia.


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