La noche oscura del alma - Como Ayudarla

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La noche oscura del alma

Esta semana quiero compartir con vosotros un texto maravilloso que me llegó a las manos. En él, en un momento de gran inspiración, la monja zen budista Isshin detalla los pasos necesarios para avanzar en la búsqueda de la iluminación espiritual. Espero que toque vuestros corazones y os inspire para manteneros firmes en la jornada al encuentro de vuestra propia Luz.

LA NOCHE ESCURA DEL ALMA
Por la Monja Isshin



He encontrado una expresión Chan (Zen chino) que dice:

Gran duda, gran iluminación.
Pequeña duda, pequeña iluminación.
Ninguna duda, ninguna iluminación.

La tradición nos enseña que hay tres pre-requisitos para la práctica verdadera: Gran Duda, Gran Fe y Gran Determinación.

1.Gran Duda

La mayoría de las personas llega a la práctica espiritual motivada por un sufrimiento que dio origen a un cuestionamiento. Casi siempre la persona se hace una pregunta del tipo de ¿Por qué me está ocurriendo ‘x’? o bien ¿Por qué a mí?

Muchas de esas personas ni siquiera dan continuidad en un centro de práctica seria, y se marchan después de una, dos – algunas – visitas. Otras personas, tras algunas sesiones de meditación, notando algún alivio del problema inmediato que las había acercado al zazen, ya relajan sus cuestionamientos. Puede que incluso se hagan socias, que hasta lleguen a considerarse practicantes. Pero la verdad es: no han llegado a hacerse la pregunta esencial, no se han abierto a la Gran Duda y, así, aún no han entrado realmente en el camino espiritual.

Algunas personas, pocas, al pasar por una situación de dificultad, acaban profundizando en las preguntas del comienzo (¿Por qué a mí?, ¿Por qué me está ocurriendo ‘x’?) para empezar a cuestionarse: ¿Quién soy yo?, ¿Cuál es el significado de mi vida?, ¿Qué sentido tienen la vida y la muerte?.

Estas son preguntas de la Gran Duda – el inicio de la andadura espiritual. La tradición Rinzai Zen se sirve de los ‘koans’ para provocar la Gran Duda. Cuanto más intensamente se vivencie la Gran Duda, tanto mayor será la iluminación obtenida.

Me parece que, en nuestra realidad de seres humanos, nuestras iluminaciones son, en verdad, pequeñas iluminaciones, pues la diferencia entre tener una o algunas experiencias de iluminación y convertirse en persona iluminada, o convertirse en una persona que manifieste plenamente su iluminación, es como la diferencia entre el agua y el vino.

Los maestros también nos enseñan que aquella persona que se cree iluminada, no lo es. Nos enseñan además que la práctica ha de ser constante y durante el resto de la vida – y de próximas vidas, también.

Por tanto, siempre que nos parece haber encontrado una respuesta a la Gran Duda, es importante replantear la pregunta y seguir más allá, más allá de la respuesta actual, más allá de nuestra comprensión de este momento, siempre más allá, siempre profundizando más y más.

El gran peligro aquí está en considerar que hemos hallado La Respuesta y que la Gran Duda ya se ha acabado. Caeremos en complacencia, arrogancia – quizá incluso tomando posición como preparados para liderar a otras personas, pero, en realidad, estamos haciéndonos ilusiones y favoreciendo que otros se las hagan.

En cierta forma, nuestra andadura espiritual ha sido abandonada. Nuestro Zazen se ha convertido en un zazen de comodidad, un zazen de consumo. Siempre podemos encontrar un trozo más de la respuesta a la Gran Duda. Pero vamos a decir que tienes tu cuestionamiento a flor de piel. Has entrado en el camino espiritual e iniciado una práctica. Aquí surge la cuestión de la fe.

2.Gran Fe

El segundo elemento esencial a una buena práctica es una Gran Fe. Fe en la práctica, fe en las enseñanzas, fe en el profesor – un ser humano, con fallos humanos, que tiene más experiencia en el Camino y algún tanto de iluminación manifestada. Y, aún más, fe en tu posibilidad de poder manifestar tu propia iluminación, de encontrar la respuesta a tu Gran Duda.

Inicialmente, puede que parte de esta fe la encuentres al depositar fe en otros. Te ha gustado y confías en tu Profesor de Dharma. O admiras a un practicante budista y confías en él. Pero los seres humanos son literalmente esto – seres humanos, sujetos a fallos. Pueden desilusionarnos.

Más todavía, una de las funciones de los Profesores de Dharma es tirar por la alfombra bajo nuestros pies. Pueden incluso provocarnos, haciendo que manifestemos nuestra sombra, en la esperanza de que podamos iluminar este aspecto nuestro que ha salido a la luz. En esos momentos, podemos incluso sentirnos traicionados por el Profesor, mientras no lleguemos a comprender lo que él está intentando enseñarnos.

Por tanto, hemos de ir más allá de la fe inicial, depositada en seres humanos externos a nosotros mismos. Por una parte, hemos de madurar y profundizar nuestra fe en el Profesor y en otros seres humanos, templándola con fe en las enseñanzas y en el propio Dharma – paso por paso.

Y las enseñanzas, que han sido transmitidas ya durante 2.600 años - ¿podemos depositar fe en ellas? Podemos, pero esto también tiene sus limitaciones, pues la transmisión de las enseñanzas depende de la comunicación y de las palabras, siempre sujetas a las más variadas interpretaciones. Las transcripciones de diálogos entre grandes maestros y sus alumnos no nos transmiten el contexto, el escenario, todos los detalles que hicieron que aquellas palabras fuesen las más apropiadas para aquel alumno en aquel momento.

En el Zen encontramos innumerables ejemplos de profesores, que en un momento dicen una cosa y, en otro momento, dicen exactamente lo contrario. ¿Estarán mintiendo? ¿Estarán locos? ¿O será que están simplemente diciendo exactamente aquello que es más apropiado para aquel momento, aquel contexto, aquel alumno – a fin de invitarlo a tomar el próximo paso de aprendizaje? Como alumnos del Zen, hay momentos en que podemos desesperarnos con un profesor que parece estar contradiciéndose. Qué fuerte se hace, en estos momentos, el sentimiento de ¿pero no habías dicho ‘x’ antes? ¿Por qué ahora dices ‘y’? ¿Cuál es la verdad, ‘x’ o ‘y’?

Conozco a una maestra moderna que hace esto todo el tiempo. ¿Estará loca? No, no me parece. Creo que ella está simplemente desafiándome a sumergirme dentro y encontrar MI verdad – y desafiando a otras personas con quienes hace lo mismo, para que lleven a cabo la misma inmersión hacia dentro.

No es un proceso fácil. Pero ciertamente me ofrece la oportunidad de profundizar en la fe verdadera que necesito cultivar – la Gran Fe. Fe en mi propia Naturaleza Buda, fe en el Universo, fe en el Dharma, fe en mi práctica, fe en mí misma. Fe para atravesar la noche oscura del alma – o las noches oscuras del alma. Es ahí donde entra el tercer pre-requisito de la práctica.

3.Gran Determinación

Sin la Gran Determinación, no vamos a conseguir atravesar la noche oscura. Si nos falla la determinación, acabaremos “volviendo atrás” en lugar de completar esta etapa de la jornada. No vamos a llegar hasta el rayar del nuevo día, aquel pedazo de iluminación que sería resultado de nuestro cuestionamiento, de nuestra fe y determinación.

Si nuestra determinación es débil, fallaremos. Si nuestra determinación depende de otras personas que nos apoyen, fallaremos. Pues la noche oscura del alma es exactamente esto. Es un momento en que nos sentimos totalmente solos – nuestra duda nos consume, la confianza en nosotros mismos se tambalea, nuestra fe está al límite – solo vemos oscuridad y es tan solo nuestra determinación lo que nos mantiene en el camino. Al fin y al cabo, el momento más oscuro de la noche es el momento anterior al nacer del Sol. Y lo mismo pasa en la jornada espiritual.

Si iniciamos la jornada con una pequeña duda, la noche oscura será “pequeña” y el rayar del Sol también. Pero si nuestro primer paso ha sido basado en una GRAN Duda, la noche oscura será igualmente GRANDE.

La crisis – mezcla de peligro y oportunidad – será GRANDE. Para atravesar esta noche oscura, tendremos que descubrir, dentro de nosotros, una fe con igual grandeza y, por fin, GRAN Determinación – quizá aquella determinación que dice: “aunque lo pierda todo, no arredro pie de aquí”, “aunque tenga que morir en el intento, no desisto”, “aunque todos me estén llamando loco, no salgo de este camino”, “aunque todos mis amigos me abandonen, no abro mano”.

Puede que la vida nos exija una entrega total, la “muerte simbólica”, muerte del ego, muerte para todo cuanto pensábamos que importaba. Pero, en realidad, la vida está invitándonos a pasar por la muerte de los condicionamientos – invitándonos a la Liberación.
En medio de la noche oscura del alma pasamos por una fase de quedarnos solamente considerando las pérdidas, las “muertes”. Quizá perdamos contacto con nuestra fe. Quizá nos entreguemos al miedo. Quizá no resistamos a las presiones y regresemos corriendo, intentando volver a nuestra zona de confort anterior, volver a la armonía conocida, volver a las amistades y relaciones antiguas que no queremos arriesgarnos a perder, buscando apoyo externo, a falta de nuestro propio apoyo interno.

Cuántas y cuántas personas flaquean en este punto, justamente cuando están casi allá, casi venciendo esta fase de la jornada. ¡Qué tristeza! Es como si vendiesen el alma, como si cayesen en “tentación”.

Por esto todas las tradiciones espirituales hablan de la dificultad de la jornada. Todas las tradiciones espirituales tienen su forma de describir el proceso de pasar por la “noche oscura del alma”. Algunas tradiciones chamánicas o indígenas emplean “jornadas interiores”, en las cuales se va al encuentro de la muerte y renacimiento simbólicos, desmembramiento y “re-membramiento” simbólicos, para facilitar ese tránsito.

La tradición budista nos habla de la determinación de Buda cuando se sentó bajo la higuera, decidido a no levantarse de allí hasta que encontrase la respuesta, la Iluminación. Habla, en lenguaje simbólico, de los nidos que los pájaros construían en sus cabellos, de las telas tejidas por las arañas, de las plantitas que crecieron entre los dedos de sus pies – todo para ayudarnos a imaginar una determinación tan firme, inquebrantable, que le permitiese permanecer allí – sentado en meditación – el tiempo suficiente, y con la “inmovilidad” suficiente – firmeza de propósito – suficiente para alcanzar la Iluminación.

Recuerdo momentos de duda (dudas que parecían bastante grandes para mí, en aquella época), en que toda mi fe era puesta a prueba y en que parecía que mi determinación no aguantaría – y recuerdo los rayares del Sol que llegaron al final de aquellas noches oscuras del alma. No puedo decir que yo haya alcanzado GRAN Iluminación alguna, pero ciertamente, siento que puedo decir que he llegado a algunas pequeñas iluminaciones, según mi capacidad de tener una duda, de cultivar la fe y de hallar dentro de mí la misma determinación de proseguir hasta la hora de nacer el Sol.

¿Cómo ocurrirá esto? ¿Cómo será el momento del viraje, de una pequeña iluminación? Será tu momento, único, totalmente diferente de mis momentos – y tampoco para mí un momento será igual al otro… Solo puedo compartir que, para mí, el viraje venía muchas veces cuando yo finalmente dejaba de luchar contra los acontecimientos y me entregaba totalmente.

¿Sabías que tenemos todo el derecho a patalear y a protestar todo lo que queramos en este universo? Lo que pasa es que el Dharma simplemente va a continuar procurando enseñarnos. ¡Entonces no es preciso sentirse culpable si se pasa por una fase de “enfado con el universo” antes de llegar a una entrega! Otras veces, el viraje vino cuando al fin percibí la “comedia de los absurdos” en una situación y me reí a carcajadas, en cuerpo y alma. De cualquier forma, el viraje venía cuando algo dentro de mí cambiaba. El cambio nunca venía desde fuera, solo desde dentro. Este es el detalle importante: el cambio tiene que venir desde dentro.

La noche pasa. El nuevo día nace. La Luz retorna. Por tanto, si estás atravesando una noche oscura del alma, no abras mano de tu fe, no vaciles en tu determinación. No intentes volver al “confort” o “armonía” o “seguridad” interior. Si, en tu corazón sabes que estás oyendo la voz de tu Naturaleza Buda, prosigue firme.

Sumérgete, permite que la Gran Duda te “consuma” hasta los huesos, hasta la médula, hasta que no reste más que el gran Vacío. Estira tu fe, mantén tu determinación – y alcanza otro pedazo más de la Iluminación. Lo importante es mantenerte siempre firme en la búsqueda de Sabiduría y Compasión.

Si al “día siguiente” te ves con más Sabiduría y Compasión, más Paz y Tranquilidad, sabrás que has atravesado la noche. Pero si te sientes con alguna rabia, algún malestar, si algo te inquieta, sabrás que todavía no ha terminado la travesía o, peor, sabrás que has desistido en medio del camino y has vuelto atrás.

Aun así, no pierdas esperanzas, no te critiques, no te juzgues. Has hecho lo mejor que has podido. Aprende con el proceso. Observa dónde has “fallado”, dónde te has “equivocado” y comienza de nuevo. La vida siempre nos ofrece nuevas oportunidades. ¡Tenemos todo el tiempo del universo para iluminarnos – kalpas y kalpas están a nuestra disposición!

Entonces, no tengas miedo. La noche pasa.”
Que los méritos de nuestra práctica se extiendan a todos los seres y que podamos todos convertirnos en Camino Iluminado. Gassho.

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5 comentarios

  1. Excelente resumen de los Tres Pasos para alcanzar la Sabiduría, apreciado Johnver.
    Un fuerte abrazo y feliz fin de semana.

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  2. Llevaba semanas buscando algo como esto y estaba algo esquivo amigo Javier, por todo lado encontraba lo mismo, y mira tu, ayer que pido tu ayuda me encuentro este excelente resumen con guia de trabajo y todo, y luego me topo con una muy buena vista previa del libro que me recomendaste, para mi genial, es ir encontrando luces, perlitas de sabidura por quienes han transitado ya estos caminos.

    Un Abrazo mi amigo y que tengas igualmente un fin de semana lleno de felicidad.

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  3. Muito obrigada por me honrar com a tradução de meu texto. E parabéns pelo seu blog.
    Gassho,
    Isshin

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  4. Agradecidos con tu publicacion sobre la noche oscura, es realmente llena de sabiduria, Gracias a ti por su publicacion...Un abrazo.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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